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8.13.2011

Un optimista es quien se hace responsable de sus actos

En una entrevista al diario español El País, el especialista explica que una persona optimista generalmente se hace y se sabe responsable de lo que le sucede



  
Así, lo confirma, uno de los principales expertos en estudio de las diferencias entre el optimismo y el pesimismo, Martin Seligman, psicólogo de la Universidad de Pensilvania. En una entrevista al diario español El País, el especialista explica que una persona optimista generalmente se hace y se sabe responsable de lo que le sucede. En este sentido, es un tipo de personalidad, que en lugar de culpar al prójimo, realiza un mea culpa con el fin de evaluar qué puede hacer para rectificar, mejorar o cambiar una determinada situación. Lejos del 'hacerse cargo' del optimista, una personalidad pesimista suele sentir incertidumbre frente al mundo e incluso frente a sí mismo. 'El pesimista -define Seligman- espera pasivamente a que sean las circunstancias externas las que cambien. En cambio, los optimistas tienden a interpretar las causas de aquello que les ocurre, mientras que los pesimistas se sienten a la merced de las circunstancias exteriores'. El profesor en psicología de la Universidad de Pensilvania, también plantea como ambas personalidades se perciben a sí mismas. Mientras que el optimista tiende a destacar los aspectos positivos de su individualidad y de la realidad que lo rodea, el pesimista se concentra en los aspectos negativos tanto de sí mismo como del entorno. Pero, las variables consideradas por el optimista para afrontar la vida le brindan herramientas muy productivas para enfrentar lo cotidiano tales como el coraje, el entusiasmo, la pasión, la confianza, la esperanza o el ver los errores como oportunidades para aprender. 'En cambio el pesimista - compara Seligman- tiene un mayor riesgo de sufrir problemas emocionales, ya que demasiado a menudo lo invade el sentimiento de culpa y la impotencia que siente le facilita la sensación de fracaso y la percepción de imposibilidad de una cambio o mejora'.
La capacidad del optimista para revisar sus propios errores, y proponerse una mejora a partir de su propia capacidad, le brinda una impronta de tolerancia y perseverancia que en el corto o largo plazo le permite concretar sus proyectos.
El especialista en el tema, destaca que lejos de la percepción popular el optimismo y la ingenuidad, son características muy distintas. 'Es decir, ser optimista no es negar la realidad sino asumir sus errores o virtudes y definir estrategias de acción basadas en la esperanza para afrontar la realidad y transformarla', explica.
Las investigaciones realizadas sobre el tema, confirman la afirmación de Seligman. En la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, en la clínica Mayo se realizó un estudio con 849 personas que llegó a la conclusión que quienes tienen rasgos optimistas viven un 19 por ciento más que el resto. El análisis se realizó durante 30 años con el fin de verificar que la salud no sólo depende de valores físicos, sino también de las características de personalidad que definen a un individuo.
Una de las conclusiones de la investigación fue que ante situaciones límites, los optimistas tienden a adaptarse a la nueva situación y además, manifestaron tener un mejor sistema inmunológico que las personalidades con rasgos pesimistas. En cambio, los que exhibieron una actitud negativa, tuvieron una tendencia al retraimiento o a dejar que la situación de stress siga su curso, sin ellos intervenir en nada. Además, la investigación agrega que los pacientes optimistas se recuperan con mayor rapidez y tienden a tener menos complicaciones post operatorias.
Pero, no sólo ante desafíos de la salud física y mental el optimista puede superarse. En su libro 'Vivir y ganarse la vida', el Dr. Mark Albion afirma que éxito en la profesión depende de una actitud positiva. Para confirmar su hipótesis, el profesional encabezó una investigación que duró veinte años, desde 1960 a 1980.
El estudio se realizó a través de un seguimiento de las carreras profesionales de 1500 graduados en escuelas de negocios. El grupo se dividió en dos categorías: la A estuvo conformada por aquellos que sostenían que debían ganar dinero en primer lugar para luego sí poder dedicarse a su verdadera vocación. En cambio, la categoría B agrupó a los graduados que tenían como prioridad seguir sus sueños, y que tarde o temprano el dinero acabaría llegando.
El porcentaje de los graduados en cada categoría es revelador: un 83% pertenecían a la categoría A, es decir, la de las personas que tenían el dinero como prioridad. La categoría B, la de los más arriesgados, alcanzaba un 17%.
¿Cuál fue el resultado? ¿Quiénes, a largo plazo, alcanzaron la felicidad? Veinte años más tarde la investigación arrojó como resultado que los que priorizaron su vocación, el porcentaje minoritario (17%), estaban más sanos, alegres y satisfechos y tenían mejor disposición ante la vida que el resto (83%).
El Dr. Mark Albion destaca que gran parte de estos optimistas debieron su éxito a su actitud pero han afrontado grandes dificultades y adversidades, y para graficar la situación cita a Winston Churchill quien afirmaba: 'el optimista ve la oportunidad en toda calamidad, mientras que el pesimista ve la calamidad en toda oportunidad'.
Lejos de la ingenuidad, el optimista es un perseverante. En cambio, el pesimista es quien prefiere darse por vencido sin ver la propia responsabilidad ante las dificultades que puede presentársele en la vida. Una actitud positiva, es hacerse cargo, ser tolerante, tener coraje y pasión por los vínculos, los afectos y la vocación.
La ciencia demuestra cada día como los seres optimistas son los que triunfan.

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